Aprovechando que este año Chile, al igual que otros países latinoamericanos, cumple 200 años de historia como nación independiente de España, la Red Cultural Hispánica de Ottawa decidió invitar a escritores y críticos a un encuentro para echar un vistazo a los avances de la literatura producida por chilenos en Canadá en los últimos 30 años. Poetas, prosistas y críticos de Ottawa, Montreal, Vancouver y Chile nos reunimos a leer y a escuchar obra original y crítica literaria durante los dos días que duró el evento que se celebró en la Universidad de Ottawa el 23 y 24 de abril. El compromiso de los participantes de otras ciudades de venir a Ottawa a compartir sus escritos fue la clave del éxito de este encuentro al que dio apertura Jorge Etcheverry con una visión general de lo que han sido estos treinta años de literatura.
Mucho ha cambiado desde fines de los setenta hasta ahora y un cambio visible es la participación de la comunidad en estos eventos. En ese tiempo apoyábamos a los escritores con la esperanza de que su palabra (impresa o no) fuera la suma y síntesis de las voces de todos nosotros en la denuncia de un régimen que había cortado brutalmente la trayectoria democrática de Chile instaurando un terrorismo de estado y que, en el ámbito personal, nos había cortado el desarrollo lineal de nuestra identidad como chilenos. La oposición al golpe militar con todo lo que significaba nos daba cohesión de pensamiento y de sentimiento, reforzado por el hecho de la vivencia común de ser inmigrantes recién llegados con todo lo que eso entraña. Con ese espíritu nació Cordillera en Ottawa, la primera editorial que publicaría a escritores chilenos. Casi toda la comunidad chilena en el exilio de Ottawa se comprometió en este proyecto colectivo de apoyo a los escritores, juntando dinero a punta de empanadas y peñas para financiar las publicaciones. Fue un ejercicio que nos ayudó a todos en la primera etapa de trasplante. Aparecieron los primeros libros impresos y la tarea común nos dio la oportunidad de solidarizar como grupo que comparte la misma lengua y cultura, está sujeto a las mismas vicisitudes de enfrentamiento a un medio tan distinto en lo cultural, social, económico y lingüístico y que empieza a vislumbrar el verdadero significado de la palabra desarraigo. Y de ahí surgieron los temas que dominaron una gran parte de la producción de los escritores en los primeros años y que puede sintetizarse en la frase “la gran pérdida”. Poco a poco y a medida que el nuevo país con su paisaje, su gente y su idiosincrasia empieza a formar parte de la identidad personal en proceso de rehacerse o retomarse se fueron superponiendo a los originales otros temas y otras inquietudes.
En este encuentro reciente, las lecturas de poesía y prosa fueron variadas en cuando a la temática, desde los temas originales pasando por el juego lingüístico del micro o minicuento hasta la agilidad de la crónica periodística. En lo que respecta a la crítica literaria, tuvimos la suerte de escuchar perspectivas que desde diversos ángulos (dos chileno-canadienses, un canadiense y una representante de la llamada generación 1,5), nos dieron un registro de lo que los chilenos en Canadá han realizado en estos 30 años en el ámbito literario (producción, publicación y traducción). También resultó muy informativa la visión que nos presentó Alfredo Lavergne de la situación de la producción literaria en Chile, el papel de la SECH, y su estatus allá de “retornado”.
Se agradecieron y se leyeron los saludos de José Ángel Cuevas, Eduardo Embry, Nieves Fuenzalida, Nela Rio, Ernesto Lánger, Claudio Durán y de la Sociedad de Escritores de Chile a través de su vicepresidente Gregorio Angelcos. También agradecemos a Julio Piñones, poeta y profesor de la Universidad de La Serena, Chile, que junto con su saludo nos envió material suyo (poesía y ensayo) para este número.
Participaron en el encuentro Alejandro Mujica Olea, Yolanda Duque Vidal, Jorge Cancino, Jorge Etcheverry, Anita Junge-Hammersley, Aspasia Worlitzky, Luis Lama, Arturo Lazo, Ramón Sepúlveda, Willy Behrens, Gabrielle E. Etcheverry, Patricio Ponce, Hugh Hazelton, Sergio Martínez, Fernando Veas Mercado, Claudio Durán (lectura in absentia), Camila Reimers, Alfredo Lavergne y Gabriela Etcheverry.
Al final de las sesiones regulares de lectura de obra original y crítica del día viernes varios de los asistentes se reunieron en el Restaurante Viña del Mar donde se efectuó una tradicional sesión del Dorado con micrófono abierto. El día sábado la Red Cultural Hispánica ofreció a los participantes una cena informal a la chilena con empanados y vino tinto, con lo que se concluyó el encuentro de escritores y críticos. Ese mismo día hubo lecturas de obra original en La Tertulia (Gatineau) con la participación de algunos de los escritores presentes en el encuentro.
La Red Cultural Hispánica agradece la participación de los escritores y críticos y del público en general, así como el patrocinio del Departamento de Lenguas y Literaturas Modernas de la Universidad de Ottawa, el Taller cultural El Dorado, las editoriales Split/Quotation, Qantati Junior, Ponce Editores, La Enana Blanca, y el apoyo de la Sociedad de escritores de Chile (SECH).
GABRIELA ETCHEVERRY